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Documento del mes de enero de 2020: 1518. La conservación y repoblación de montes, un precedente de la legislación forestal.

 

AMRQ 10065. 1518, junio, 19, Medina del CampoSobrecarta de Juana I y Carlos I ordenando el cumplimiento de la Pragmática dada en Zaragoza a 21 mayo de 1518 sobre instrucciones para la guarda y conservación de montes y plantación de nuevos árboles y visitas de vigilancia.

La reciente Cumbre Mundial del Clima de Madrid (COP25 2019) de las Naciones Unidas ha mostrado la preocupación por la emergencia climática en que se encuentra nuestro planeta, en gran parte causada por la acción humana. Se necesitan acuerdos drásticos y mayoritariamente aceptados para lograr la sostenibilidad de la Tierra y garantizar el futuro a las próximas generaciones.

La preocupación por el estado del medio ambiente no es nueva y el documento del mes trata de una pragmática de 1518 de Carlos I que está considerada como la primera disposición general que se dedicó monográficamente al problema forestal.

Los montes y dehesas, muchas veces de carácter comunal o propiedad del ayuntamiento, constituían una fuente importantísima de recursos para nuestros ancestros. Proporcionaban pasto; agua, gamones, bellota, abrigo y sombra para los ganados; madera, leña, carbón, cal, yeso, teda, piedra, esparto, fornilla y una multitud de recursos. Eran fundamentales para el sostenimiento de la población que más carecía de recursos.

En el siglo XV, el incremento de la presión demográfica trajo consigo un aumento de las roturaciones y usurpaciones a la propiedad comunal y un mayor aprovechamiento del monte con saca de madera y leña, realización de carboneras, etcétera. La quema de bosques para aumentar el pasto del ganado y para acrecentar las tierras cultivadas fue práctica común. Es el llamado pacto tácito entre pastores y campesinos contra el árbol. La Ley de Toledo de 1480 procuró restituir los términos públicos al uso común.

El documento del mes es una sobrecarta real de 19 de junio de 1518 enviada por Juana I y Carlos I desde Medina del Campo para recordar e incrementar la presión del cumplimiento de la pragmática dada en Zaragoza ese mismo año el 21 de mayo que es de sumo interés y todo un antecedente en la conservación y nueva plantación de montes y árboles.

Lo primero que se indica es el desorden que existía en la gestión forestal cortando y talando montes y dehesas e incluso arrancándolos de cuajo, impidiendo por tanto su rebrote. Estas acciones habían afectado mucho al pasto y abrigo de los ganados, así como a las existencias de leña y madera y materia prima para las carboneras. Los principales perjudicados, según la propia pragmática, eran los pobres que no podían adquirir esos recursos por su carestía.

Los procuradores de las ciudades y villas habían acudido a las Cortes de Valladolid de 1518 para denunciar la situación y pedir el proveimiento de medidas.

Por la pragmática se obligaba a los Concejos a señalar los mejores lugares para plantar montes de encinas y robles y pinares para pastos y abrigos de los ganados, intentando perjudicar lo menos posible a los campos cultivados. En las riberas y en las viñas se deberían plantar álamos, sauces y otros árboles para aprovechar para leña, madera y pastos.

Además, con el objeto de que se conservaran tanto los nuevos y los venideros plantíos, como los antiguos montes, se obligó también a nombrar a dos personas que se encargaran de la vigilancia de los montes y pinares. A los guardas se les pagaría con los ingresos de los bienes de propios del Ayuntamiento y si no los hubiera, se concedía licencia para echar sisas o repartir entre los vecinos la cuantía de los salarios de los guardas.

También se concedía facultad para realizar una ordenanza que garantizara la conservación de los montes nuevos y antiguos.

La pragmática iba más allá y ordenó que los justicias visitaran una vez al año los montes antiguos y nuevos y que pusieran las penas pertinentes para los que no realizaran los nuevos plantíos ordenados. Al año se debía informar de cómo se habían pagado a los guardas de montes; qué montes, pinares y árboles se habían plantado; y sobre la promulgación de la ordenanza y las penas impuestas.

Parte de la bibliografía existente responsabiliza a estas repoblaciones históricas de la presencia actual de especies consideradas introducidas; sin embargo, otros autores dudan de la efectividad de esta pragmática y de que los resultados de las repoblaciones alteraran el paisaje forestal.

En el caso de Requena, tres años después de la pragmática de 1518, un acta del concejo de 9 de mayo de 1521 se informó del mal estado de los montes por lo cual se nombró a cuatro montaraces de montes, dehesas, vegas y huertas; dos más de los guardas que pedía la pragmática. El 1 de marzo de 1539 se quejaba el concejo de la quema de montes y pinares y se acordaba que nadie pudiera quemar sin licencia. Pero la ignicultura proseguía y será el concejo el que el 14 de agosto de 1545 otorgara licencia a los propios regidores Lope Ruiz Zapata, Miguel Sánchez y Martín Zapata para laborear quemando terreno de monte en sus heredades.

Para saber más:

CORONAS VIDA, Luis Javier. “Baldíos, comunales y repoblación forestal en la comarca de Burgos en la segunda mitad del siglo XVI”.

EZQUERRA BOTICARIO, Francisco Javier y GIL SÁNCHEZ, Luis. La transformación histórica del paisaje forestal en Extremadura. Madrid, Ministerio de Medio Ambiente, 2008, 304 p.

LATORRE ZACARÉS, Ignacio. “Transformación del paisaje, aprovechamientos forestales y fauna del XVIII en la Meseta de Requena-Utiel”. Oleana: Cuadernos de Cultura Comarcal, 2009, n. 24, p. 697-732. IV Congreso de Historia Comarcal (noviembre de 2009).

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