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¿Sabías qué? La aduana de Requena en 1557
Uno de los factores singulares que ha marcado la historia de Requena es el hecho de ser villa de frontera y la aduana y puerto seco de Castilla en la raya con el Reino de Valencia. Como antecedente, ya el 11 de marzo de 1264, Alfonso X concedió al Obispo de Cuenca, D. Pedro Laurencio, el diezmo de las rentas del almojarifazgo de Requena.
Requena durante siglos ha ejercido como núcleo de tránsito de mercadurías que debían ser contabilizadas en la aduana ubicada entre el puente de Santa Cruz y el convento del Carmen. 
También este factor fronterizo propició la creación de un grupo de mercaderes como reflejan las series documentales del Maestre Racional del Archivo del Reino de Valencia donde en el año 1397, Requena con veintitrés mercaderes era el tercer lugar de origen de los que comercian por vía terrestre con Valencia tras la propia ciudad de Valencia y Toledo. El séptimo lugar de origen era Utiel con siete mercaderes.
La aduana requenense llevaba sus propios libros de registros que gestionaban sus arrendadores. En el Archivo de Requena se conserva un registro de las mercancías que pasaron la aduana entre enero y marzo de 1557 con expresión de los productos, cantidades, nombre y procedencia de los comerciantes, destino de su carga y el importe que pagaron los mercaderes en concepto de cargas fiscales por el paso. En estos tres meses las mercancías que pasaron por la aduana pagaron 1.233.303 maravedíes en concepto de derechos.
El motivo de dicha relación es un pleito interpuesto por el representante de la Villa de Requena en la corte, Tomás de Moya, ante el arrendador de la aduana requenense, Bartolomé de Jerez.
El documento sólo abarca un periodo de tres meses, por lo que no figuran productos que solían viajar en otras épocas del año. Una de las curiosidades de este documento es la gran cantidad de mercancías que viajaban desde el reino valenciano con destino a la Feria de Villalón (Valladolid) creada en 1436. Uno de los pilares de la economía castellana desde el siglo XIV al XVII fue el intenso comercio interno y las excelentes relaciones mercantiles con el reino de Valencia que gravaban elevadas cantidades al fisco de la corona. La monarquía quiso reforzar esta tendencia y potenciar el comercio con la celebración de ferias en multitud de villas castellanas, llegando las más famosas a atraer a mercaderes y financieros de toda Europa. Requena era lugar de paso de los productos que desde el reino de Valencia llegaban a las ferias de toda Castilla, la principal la de Medina del Campo.
Entre los mercaderes destacan la preponderancia de los de Arévalo como Gabriel y Juan Albéitar, Pedro Velázquez o Gabriel Cordero entre otros; los de Toledo como Payo Sotelo, Blas de Castro, Diego y Álvaro del Castillo, Francisco de la Fuente o Juan de Sanpedro de Palma entre otros y los de Valencia como Francisco de Montesa, Pedro Ros, Ambrosio Espínola, Juan de Brizuela, Luis del Pueyo, Jaime Cotanda, Bernal de Sanmiguel, Antón de Carrión (el más activo) Francsico Goméz o Miguel Salvador. Otros procedían de Medina del Campo, Portugal (Ferrand Darias) o Utiel (Baltasar Pala). En muchas ocasiones, para estos mercaderes toledanos, valencianos o de Arévalo trabajaban requenenses que eran quienes declaraban su mercancía en la aduana como Pedro Domínguez, Pedro Lacárcel de Mira, Pedro Calvo o Juan Manzano. Bartolomé de Moya vecino de Onteniente declaró la mercancía de un mercader toledano.
Entre las mercancías que se registraban por la aduana destacaba el gran volumen de mercancías relacionadas con la industria textil que viajaban desde Valencia. Se citan vestimentas ya confeccionadas como chapines dorados (un tipo de calzado femenino), guantes de hombres o los millares de unidades de faldas de raso y de terciopelo declaradas. En otras ocasiones nos encontramos ante gran variedad de tejidos sin confeccionar como terciopelo o seda. También se declaró mucho hilo de ballesta, red para lavar lana, cordellate negro (similar a la estameña), algodón hilado, hilo portugués, cordobán, damasco, guadamecí, manteles, etc.
También circulaba por la aduana requenense todo tipo de material dedicado a la elaboración de tintes para aplicar al textil, especialmente el polvo de grana que era un producto muy preciado para el tinte de tejidos extraído de la cochinilla molida y cuya venta exclusiva estaba en manos de los mercaderes genoveses que la traían desde Creta (Grecia) a Valencia y que llegaba a la feria de Villalón a través de Requena. Su precio era muy elevado (su peso en oro) y daba un tono granate muy apreciado por los tejedores. Otro de estos productos eran las agallas que también circulaban en gran número por la aduana requenense.
Los alimentos y sus complementos como especias eran otras de las mercancías más transitadas como arroz, conservas, mucha pimienta, canela, aceite, fideos, sémola, farro (cebada a medio moler que servía de alimento y medicina), confituras, avellanas, chufas, dátiles, jengibre o pepitas de calabaza, entre otros. 
Otros productos tenían aplicaciones medicinales como el acíbar (zumo amargo de aloe), alcanfor, ruibarbo o goma arábiga. Más mercancías declaradas fueron el amoniaco, ungüento de alabastro, almojater, alambre, piedras toscas, clavos, cera, alfileres y un largo etcétera.
 
Para saber más:
 
AHMR, sign. 6194.
 
SALINAS ROBLES, Santiago. “Dexó manifiesto para Villalón”. El Trullo, agostoo 2008, [3] p.
 
FERRER NAVARRO, Ramón. La exportación valenciana en el siglo XIV. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1977.
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