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¿Sabías qué? Los motines del pan en Requena en 1748 y 1766
Los años de malas cosechas, especialmente de cereal, fueron abundantes a lo largo del siglo XVIII en nuestra comarca. Ello provocó hambrunas, que se cebaban en las clases más humildes, y que debían recurrir a la caridad para mantenerse. Así mismo, estas hambrunas favorecían la propagación de enfermedades y la mortalidad infantil.
Los jornaleros y arrendatarios eran los principales perjudicados por las frecuentes crisis agrarias. Sufrían su destino con resignación, pero, esporádicamente, cuando el hambre apretaba durante varios años seguidos, se levantaban en contra, especialmente, de las subidas de precios del pan. De aquí que, a las revueltas campesinas de los siglos XVII y XVIII provocadas por la escasez y elevados precios de los alimentos, se las conozca como “revueltas del pan”.
En 1748 había escasez de trigo en el pósito (granero comunal) y obligó a Requena a a traer trigo de Almodóvar, Cuenca, Huete y Minglanilla, lo que supuso un fuerte encarecimiento del precio del trigo y del pan, que pasó a valer de cinco a seis cuartos la pieza de dos libras de peso. Ante esta subida comenzaron las protestas de las personas más pobres de la población, señalando a los regidores como culpables por acaparar el trigo existente. Estas revueltas estaban dirigidas por algunas personas de mejor situación económica en la lucha oligárquica por el control del regimiento. El corregidor ordenó el apresamiento de Francisco Montes, uno de los cabecillas de las protestas. Su padre, Joseph Montes, señaló ante la población, que le quedaban ochenta mil reales y un mes de término para proveerse de trigo y se comprometía a abastecer durante todo el año de pan a la población a cinco cuartos las dos libras, siempre que el Ayuntamiento no le pidiese fianzas.
La tarde del 24 de julio de 1748, mientras se reunía de nuevo el Ayuntamiento de Requena para tratar el tema del pan, se produjo un fuerte tumulto y un grupo numeroso de vecinos entró en la Sala Capitular, armados de garrotes, y reprocharon al procurador síndico que no defendiese los intereses del Común, exigiendo la bajada del precio del pan y la liberación de Francisco Montes, cosas a las que tuvieron que acceder corregidor y regidores, volviendo a poner el precio del pan a cinco cuartos y liberando al prisionero.
Unos días después, volvió a reunirse el Ayuntamiento, junto con los párrocos y arcipreste, los priores de los conventos y otros clérigos y vecinos hasta un número de cincuenta y seis personas. Joseph Montes tuvo que responder a las acusaciones de instigador del motín (que le llamaban “inquietud”, pues la pena por motín era la de muerte) del día 24. El Ayuntasmiento decidió que la anterior propuesta de Joseph Montes de abastecimiento de pan era imposible de cumplir y le perdonó por su confesión y sumisión.
El 6 de agosto, antes de dar un nuevo precio para el pan, los regidores propusieron al corregidor que preventivamente encarcelaran temporalmente a los que se habían amotinado con garrotes la tarde del 24 de julio. Existía medio de reproducir otro motín. Una vez detenidos y encarcelados, el Ayuntamiento acordó cobrar el pan de dos libras a seis cuartos. Así mismo, se acordó liberar a los presos por el tumulto de 24 de julio el día de Santa María de Agosto, para celebrar dicha festividad. Era una medida destinada a apaciguar los ánimos.
El siguiente “motín del pan” ocurrió en 1766 y fue general en casi toda la Península, estando relacionado con el llamado “Motín de Esquilache”. Entre 1761 y 1766, una fuerte sequía azotó la Península, provocando una crisis de abastecimientos, especialmente en las grandes ciudades. El 15 de julio de 1765, Carlos III promulgó una real pragmática que establecía la libertad de comercio de los granos y la abolición de la tasa; pero, al mismo tiempo creaba, para el abastecimiento de Madrid y de los reales sitios, el monopolio de los cinco gremios mayores. Las medidas que tomó Esquilache para Madrid no fueron bien vistas por la población ni por los abastecedores de la capital.
En el otoño de 1765, varios intendentes, corregidores y justicias acudieron al Consejo de Castilla exponiendo las necesidades de hacer acopio de grano, mediante la utilización de los fondos de los pósitos. Señalaron la dificultad de comprar, pues los que tenían granos no querían venderlos, ya que esperaban mayores subidas y mayores beneficios.
La escasez alcanzaba a los propios pueblos manchegos. Los intendentes de las provincias de Cuenca, Guadalajara, Toledo y La Mancha, señalaban que, con el poco grano que había, se podían hacer pan de mixtura (trigo y avena o cebada) al precio de diez cuartos las dos libras, en los lugares más afortunados.
En este ambiente, tras unas impopulares medidas de Esquilache, el motín se inició en Madrid el 23 de marzo de 1766. El 25 de marzo, Carlos III destituyó a Esquilache y Grimaldi y accedió a rebajar el precio de las subsistencias de abastos. Apareció otro problema: ¿cómo suministrar a Madrid grano en abundancia a fin de que bajasen los precios?. La solución fue traerlo de todos los pueblos de España, lo que desencadenó, a lo largo del mes de abril unos cincuenta motines en las diferentes provincias. Uno de esos motines ocurrió en Requena.
El 10 de enero de 1766, se recogió en un acta un memorial de Jaime Ruiz y otros pidiendo al Ayuntamiento de Requena moderación en los precios del arancel que había establecido. También se leyó una carta de cincuenta y ocho vecinos, arrendadores de las suertes del Ardal, que eran bienes de propios, para que se les eximiera del pago del arrendamiento, pues los hielos les impedían obtener cosecha. El Ayuntamiento rechazó ambas peticiones.
Un acta del 18 de febrero recoge el problema existente con el abastecimiento de carne, pues el ganado moría por falta de pasto y cereal para alimentarlo.
El hambre continuó durante los meses siguientes y provocó el levantamiento popular el 19 de abril de 1766 que recoge descriptivamente el acta del día: 
“Se comunica al Ayuntamiento, por el Sr. Corregidor, del tumulto existente en la Villa desde esta mañana, debido a las calamidades del año y de las malas cosechas, con la multitud recorriendo las calles pidiendo la bajada del precio del pan. Ante el temor de que se produzcan incidentes graves, se propone, visto el estado del Pósito, bajar el precio del pan de dos libras a siete cuartos, en lugar de los ocho a que se encuentra lo que es acordado por todos los asistentes”.
En el Pósito sólo quedaba el cereal necesario para pagar las rentas reales, lo que era insuficiente para calmar a la multitud y los regidores debieron llevar trigo del que tenían guardado en sus domicilios, por temor a que las masas asaltasen sus viviendas, como había ocurrido en Madrid, Zaragoza, Cuenca, o Valencia.
El final a este suceso lo especifica una carta del Consejo de Castilla de 28 de mayo “...para que se identifique y castigue a los atumultadores y vulliciosos de los pueblos...”. Los regidores formaron una comisión para cumplir la orden, pero no tenemos constancia de que detuvieran a nadie.
 
Para saber más.
HORTELANO IRANZO, José Luis. “Los motines del pan en la Requena del s. XVIII”. Oleana: Cuadernos de Cultura Comarcal, 2009, n. 24, p. 251-258. IV Congreso de Historia Comarcal (noviembre de 2009).
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