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¿Sabías qué? Las Misiones Pedagógicas en la Meseta de Requena-Utiel (1933-1936)
Una de las actividades más importantes de las Misiones Pedagógicas de la II República fue la creación de numerosas bibliotecas en pueblos pequeños. El envío constaba generalmente de cien volúmenes bien elegidos por el Patronato con el deseo de satisfacer las diferentes preferencias lectoras de los habitantes de la España rural. Al cargo de las bibliotecas quedaban los maestros, que lo hacían de una forma voluntaria y no remunerada, aunque les procuraba algún incentivo de cara a su carrera. Con los libros se incluían hojas de papel para forrarlos, indicaciones para su cuidado y conservación y fichas para la realización de préstamos. El maestro que gestionaba la colección bibliográfica podía indicar diez títulos más para completar la colección. Este fondo era complementado con colecciones de discos de música clásica y lírica tradicional. 
Las cifras demuestran el favorable impacto de estas bibliotecas de las Misiones Pedagógicas que registraron en sus dos primeros años (1932-1933) 467.775 lectores y 2.196.495 lecturas (el 64% infantiles). Al parecer, los propios chiquillos alentaban a sus padres a leer, por lo que el efecto era doble y multiplicador. Había creadas en junio de 1936 un total de 5.522 bibliotecas.
Los lotes bibliográficos fueron por primera vez en la historia bibliotecaria española escogidos con criterios técnicos. Incluían obras infantiles de Perrault, los Hermanos Grimm o Andersen; ediciones extractadas de Homero y Dante; libros de aventuras de Julio Verne, Swift o Kipling; novelas de adultos de Cervantes, Quevedo, Dickens, Tolstoi, Galdós, Valera, Pérez de Ayala y poemarios de Bécquer, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez... Además de obras de ficción, también el fondo comprendía obras de divulgación científica y técnica. La selección de libros buscó la divulgación y acomodarse a los gustos lectores de la población. Se logró pues, la democratización de la lectura.
La ideóloga y delegada de las Misiones Pedagógicas en la región valenciana fue María Moliner Ruiz, que además organizó todo un sistema bibliotecario para conseguir ese objetivo de hacer llegar el libro hasta el último rincón. Organizó en 1935 una red de bibliotecas con las 115 colecciones entregadas por el Patronato a distintos pueblos valencianos y con una biblioteca central que coordinaba y unificaba los servicios. Además, llevó a cabo rigurosas inspecciones por todas estas pequeñas bibliotecas rurales. Su labor no acabó ahí, pues también se preocupó de la formación de los gestores de estas bibliotecas rurales.
La comarca de Requena recibió numerosas visitas de las Misiones Pedagógicas, desarrollando algunas de sus actividades y recibiendo las colecciones bibliográficas. Las localidades comarcanas donde estuvo presente la acción de las misiones fueron Campo Arcís, Camporrobles, Casas de Pradas, las Casas de Utiel, Casas del Río, Casas de Eufemia, las Cuevas de Utiel, Fuenterrobles, Jaraguas, Las Monjas, Los Marcos, El Pontón, Requena, Sinarcas, Utiel y Venta del Moro. 
La primera Misión Pedagógica que se desarrolló en la provincia de Valencia fue en Jaraguas (22 de abril-6 de mayo de 1933) y fue dirigida por Matilde Moliner, hermana de María Moliner, componente del primer claustro del Instituto de Requena en 1928 y secretaria del Patronato de Misiones. En ella participaron el escritor Rafael Dieste y el estudiante Antonio Sánchez Barbudo; y contaban con el apoyo de la pedagoga Angelina Carnicer (seguidora de Cossío), José Navarro Alcácer (director de la Escuela Cossío de Valencia) y los estudiantes Francisco Bernia y Francisco Carrión Ortega.
Tras la visita a Jaraguas, las Misiones Pedagógicas también recalaron en Venta del Moro, Casas de Pradas, Las Monjas y Casas del Río. Sinarcas fue visitada del 30 de marzo al 4 de abril de 1934. No se conoce el programa que se desarrolló, aunque posiblemente, como en otras localidades, constara de exhibición de películas y documentales, charlas, audición de música, quizás guiñol, etc. 
El Patronato de las Misiones Pedagógicas no sólo se dedicó a desarrollar actividades de difusión de la cultura en pequeños pueblos y a entregar las bibliotecas, sino que realizó un riguroso seguimiento del funcionamiento de estas bibliotecas. Generalmente, con anterioridad a las visitas de inspección, María Moliner enviaba un cuestionario al encargado de la biblioteca. 
En el término de Venta del Moro respondieron Jaraguas, Venta del Moro y Las Monjas. En Jaraguas se habían leído todos los libros, aunque algunos de ellos pocas veces. Lo más leído era “La Barraca” de Blasco Ibáñez, cuentos de los Hermanos Grimm, Perrault y Andersen, así como “La pata de la raposa” de Pérez de Ayala. Los más lectores eran los niños, pero también leían hombres y mujeres dado que el grado de analfabetismo no era elevado. En Venta del Moro las obras más solicitadas eran los Episodios Nacionales de Pérez Galdós y las biografías de hombres ilustres. Los más lectores eran los jóvenes entre 14 y 20 años, aunque también utilizaban la biblioteca hombres y mujeres. El grado de analfabetismo era bajo pues era un municipio de población dispersa, pero con doce escuelas. En Las Monjas, los lectores habían solicitado libros sobre agricultura y elaboración de vinos. En Los Marcos tenemos noticia también de una biblioteca.
En Sinarcas, el encargado manifestaba que existía una afición enorme a la lectura en todas las edades y que sería provechoso elevar la biblioteca a la categoría de “popular” y ubicarla en un local independiente. Los libros más solicitados eran los de Blasco Ibáñez, las “Novelas Ejemplares” de Cervantes, Pereda, Palacio Valdés, Bécquer, hermanos Grimm, Pérez Galdós, Julio Verne, León Tolstói y Valle-Inclán. En Fuenterrobles los usuarios habituales eran los niños, pues existían tasas elevadas de analfabetismo entre adultos. En las Casas de Utiel se habían leído todos los libros, especialmente, una vez más, los de Blasco Ibáñez y Pérez Galdós de los cuales se pedían más obras. “El Quijote” era el libro más demandado. Leían niños, hombres y mujeres, pero sobre todo jóvenes de 14 a 25 años.
María Moliner giraba visitas de inspección nada rutinarias a las bibliotecas del Patronato. Preguntaba al bibliotecario, concertaba reuniones con las autoridades locales, inquiría a personas del pueblo, nombraba colaboradores entre los vecinos y realizaba recomendaciones. Sus informes están repletos de apreciaciones y valoraciones personales sobre lo que ella misma ve y oye. En algunos casos adoptó decisiones de inmediato. Son muy interesantes las jugosas valoraciones que realizó María Moliner en la visita de 23 de mayo de 1936 a las bibliotecas del Patronato de Misiones Pedagógicas en Requena, El Pontón, Campo Arcís y Casas de Eufemia. Las visitas las realizó junto a Leopoldo Piles (historiador que posteriormente ganó la Cátedra de Filosofía del Instituto de Requena) y Angelina Carnicer.
En Requena ciudad visitaron la biblioteca que se encontraba en la escuela de niños nº 4. Lo primero que apuntó María Moliner es que la biblioteca sólo la utilizaban los niños de la escuela, por lo que no ejercía su función de biblioteca pública abierta a toda la población. Con ironía observó y anotó que a las diez y media de la mañana no había nadie presente de las autoridades y era difícil reunirlos a esa hora por considerarlo un “madrugón”, por lo que la cita se retrasa a la tarde. Recomendó establecer una verdadera biblioteca pública, pues la del Instituto no cumplía esa función y arrastraba uno de los problemas habituales de las bibliotecas españolas: la mala selección del fondo bibliográfico. 
En El Pontón, la actividad lectora registrada era muy baja (17 lecturas en casi 5 meses), aunque la apariencia de la biblioteca no estaba mal. No encontró a casi nadie en la aldea, pues estaban sulfatando por el mildiu y nombró colaborador a un voluntarioso cartero.
En Campo Arcís, María Moliner detectó que el problema radicaba en el propio maestro. No llevaba estadísticas de lectura, no conocía bien el fondo bibliográfico y sólo demandaba obras de Menéndez Pelayo, sin importarle cuáles. Es el propio médico de Campo Arcís quien le advirtió que el maestro se oponía a prestar ciertas lecturas e indicaba que antes del envío de la biblioteca de las Misiones Pedagógicas se había propuesto crear una biblioteca a través de una asociación. Así que existía ambiente lector, pero el maestro y encargado de la biblioteca no lo facilitaba. María Moliner rogó al médico que actuara como director de la biblioteca de facto y anunciaba que en una próxima visita tomaría decisiones más enérgicas. 
En Casas de Eufemia, María Moliner se encontró con un maestro muy voluntarioso y trabajador, pero con escaso gusto estético. Le sirvió este ejemplo para reflexionar sobre la necesidad de encauzar a estos profesionales para que su esforzado trabajo obtuviera mejores resultados y aconsejarles moderación en el gusto para que las paredes de los recintos escolares no se vieran desbordadas de trabajos manuales de dudoso gusto, además de las obligadas alegorías a la República. En lo que le tocaba, María Moliner le pidió que la biblioteca la difundiera también entre los adultos.
María Moliner pagó su fuerte implicación en la política bibliotecaria de la II República con la degradación de dieciocho puestos en el escalafón profesional tras el final de la Guerra Civil. Ya no intervino más en la política bibliotecaria y a partir de 1951 se dedicó a investigar y redactar su gran obra lexicográfica del “Diccionario del uso del español” que no le serviría para acceder a un puesto en la Real Academia de la Lengua Española. Todos los maestros encargados de las bibliotecas de Misiones Pedagógicas fueron depurados tras la Guerra Civil y en algunos casos expedientados. 
Para saber más:
YEVES DESCALZO, Feliciano Antonio y LATORRE ZACARÉS, Ignacio. Historia bibliotecaria y de la lectura pública en Requena. Valencia, Novabernia, 2014, 139 p.
 
GARCÍA RODRÍGUEZ, Alfonso. “Las Misiones Pedagógicas en la II República: su incidencia en Venta del Moro y la Meseta de Requena-Utiel”. El Lebrillo Cultural, 2010, n. 27, p. 31-36.
 
GARCÍA RODRÍGUEZ, Alfonso. La educación en Requena (1539-2003). Requena, Centro de Estudios Requenenses, 2012, 360 p.
 
CALVO, Blanca y SALABERRÍA, Ramón. “María Moliner. Organizadora de las Bibliotecas de Misiones Pedagógicas en Valencia”. Educación y Biblioteca, n. 175, enero-febrero 2010, p. 43-95.
 
MARTÍNEZ RUS, Ana. La política del libro sobre la Segunda República: socialización de la lectura. Memoria para optar al grado de doctor. Madrid, Universidad Complutense, 2001, 675 p.
  
  • Las Misiones Pedagógicas en Las Alpujarras (1934)
  • María Moliner 1935
  • Las Misiones Pedagógicas en Navarrisca (1934)
  • Las Misiones Pedagógicas
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