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¿Sabías qué? Pío Baroja en Requena
Uno de los escritores que han recalado por la ciudad de Requena es Pío Baroja (San Sebastián 1872 - Madrid 1956). D. Pío fue uno de los grandes novelistas de la Generación del 98, aunque él mismo negaba la existencia de esta generación literaria. Entre sus obras más destacadas podemos citar las de "Zalacaín el aventurero", "La busca", "El árbol de la ciencia", "Las inquietudes de Santi Andía", "Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox" o "Memorias de un hombre de acción", entre muchas otras. Se caracterizó por su ideología en principio anarquista y después liberal, agnosticismo e individualismo.
Para documentar sus trabajos históricos, Baroja acostumbraba a viajar a las zonas de las quería hablar y fue acompañado por sus hermanos Carmen y Ricardo en ocasiones y también por Ramiro de Maeztu, Azorín, Scmitz, etc. En 1935, realizó el recorrido del general carlista Miguel Gómez Damas para evocar sus peripecias en la Primera Guerra Carlista (1833-1840) y publicarlos en la revista gráfica semanal Estampa con motivo de la conmemoración del primer centenario de aquella guerra civil. Parte de este recorrido se hizo en automóvil junto con José Ortega y Gasset.
Fueron una serie de artículos titulados “Sobre la ruta del General Gómez por los caminos de España”. La revista Estampa dedicó su número 377, del seis de abril de 1935, al paso del citado general por Requena, Utiel y la Mancha. En sus escritos, Baroja mezcló el relato histórico, con la información recogida de la población local y comentarios personales del escritor.
El general carlista Gómez había emprendido el 25 de junio de 1836 desde Amurrio (Álava) su gran expedición, que había cruzado media España. El general Gómez ordenó a todas las partidas carlistas de Aragón concentrarse en Utiel donde el 12 de septiembre se produjo una gran cumbre carlista con la presencia de los generales Cabrera y Gómez y los jefes Arnau, Forcadell, Millán, Quílez, Arévalo, Cala, José Miralles “Serrador”, Font, Sancho, Durán, etc. 
Baroja relata justamente la famosa acción del 13 de septiembre de 1836, cuando la liberal Requena se defendió heroicamente contra el avance carlista de Gómez y Cabrera que poseía una superioridad numérica manifiesta.
La denominada “Acción de Requena” tuvo una gran repercusión a nivel nacional y el 21 de septiembre de 1836 se otorgó a la ciudad por real decreto de Isabel II el título de “Muy Noble y Muy Leal Ciudad” y la elección de un escudo de armas (el llamado “liberal”) para representar el hecho. El general liberal Albornoz recibió la cruz laureada de San Fernando y fueron condecorados varios jefes de la Milicia Nacional. Madrid rotuló una de sus calles con el nombre de “Requena”. 
Baroja recogió de primera mano las impresiones de paisanos de Requena, carlistas y liberales, sobre el hecho del 13 de septiembre. Además, reflejó sus comentarios sobre el habla requenense definiéndolo como un “castellano puro, no se oye hablar en valenciano”. En su paso hacia Utiel, el escritor se detuvo ante ya el desaparecido olmo de San Antonio. D. Pío siguió su itinerario por Utiel y Casas Ibáñez.
Para saber más: MUÑOZ GARCÍA, Rafael. “Pío Baroja en Requena”. El Trullo, invierno 2013, [2] p.
 
Transcripción del texto.
 
ATAQUE A REQUENA
“El primer propósito de los jefes carlistas fue embestir contra Requena. Cabrera le tenía ganas a este pueblo, donde había fracasado el año anterior. 
Actualmente la muralla que circunda el pueblo está derruida. De los torreones no quedan más que montones de piedras, que parecen más bien naturales que artificiales. 
Entonces tampoco la muralla estaba bien conservada. 
En el pueblo hay dos barrios antiguos: el de la Villa, alto, de calles empinadas y estrechas, y el de las Peñas, y entre ambos, el Arrabal. 
El de la Villa, por lo escarpado, tenía que ser fácil de defender; no así el de las Peñas ni el Arrabal. 
El de la Villa mostraba empotrado, entre la calle de la Purísima y la de la Somera, un viejo alcázar que llamaban y llaman el Palacio del Cid. 
A Requena la defendía un viejo militar, el coronel Albornoz, y no tenía más fuerzas que los milicianos y una compañía formada por enfermos y cansados de varios cuerpos del ejército. 
En el pueblo había armas y se repartieron en el vecindario, y hombres, mujeres y niños fueron a la muralla, dispuestos a impedir la entrada de los carlistas, porque sabían cómo las gastaba Cabrera. Gómez y sus compañeros mandaron compañías de asalto a combatir contra los muros y comenzaron el fuego con dos piezas de artillería. 
Fue inútil; no pudieron escalar la muralla. Algún oficial que tenía un cañón en una ventana del Palacio del Cid disparó y logró desmontar uno de los cañones carlistas. 
Gómez mandó un parlamentario con bandera blanca y los de Requena recibieron al parlamentario a tiros. Después envió al antiguo prior del convento de franciscanos a decir a los  requenenses que si se rendían respetarían la población; que si no, entrarían al saqueo. 
Los requenenses contestaron: "Que vengan". 
Gómez y Cabrera, por la noche, se retiraron a Utiel. 
Esto es, en conjunto, lo que pasó en la primera intentona de los carlistas reunidos. Para adquirir algunos detalles, y para comer también, vamos a la fonda. En Requena se habla castellano puro, no se oye hablar valenciano. 
El fondista, a quien explico mi curiosidad, me indica a dos o tres personas a quien me puedo dirigir en el pueblo. Una de ellas está muy enferma. 
De los preguntados por mí, uno con simpatías carlistas dice que si Gómez no entró en Requena fue porque temía que los generales liberales estuvieran cerca y porque el prior de los franciscanos le aseguró que el asalto costaría mucha sangre. También afirma que el cañón de los nacionales no valía nada, y que no consiguió más que incendiar un pequeño batán, por lo que le llamaban en broma el cañón del batanejo. 
El liberal dice que hombres, mujeres y chicos se defendieron heroicamente, que los carlistas fusilaban a todos los que encontraban en el campo y que esto acentuó la furia y el valor de los sitiados. Hasta hace poco, veíanse cruces de muerto, entre ellas la del Gallo. A un molinero a quien fueron a prender, disparó por la gatera el trabuco, perniquebrando a varios y luego escapó por la acequia del molino. 
No es cuestión de insistir; retrocedemos unos kilómetros hacia San Antonio, camino de Utiel. Hay en el pueblecito dedicado al santo un gran árbol con el tronco hueco cerca de la carretera. 
Un hombre del campo me cuenta que en la primera guerra civil un liberal conocido, viéndose rodeado de carlistas, se subió al árbol y se salvó. Después, agradecido, restauró la ermita próxima.” 
  • Grabado del ataque carlista a Requena del 13 de septiembre de 1836
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