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¿Sabías qué? Judas y pelindangos
Saturday 28 de March de 2015

Los “judas” y “pelindangos” son una de las manifestaciones antropológicas vinculadas a la Pascua que han poseído mucho vigor en la Meseta de Requena-Utiel. En la actualidad, este rito sigue en su formato tradicional realizándose en Venta del Moro. En Requena se ha trasladado de fecha a los Carnavales tras su restauración en 1990.

Los “judas” son muñecos habitualmente confeccionados con ropa vieja, trapos y paja que simbolizan al apóstol traidor y suicida y que eran colgados, apaleados y arrastrados por las calles. En algunos sitios como Requena tenían en su interior ceniza o porquería y se utilizaban a modo de cucañas. En la  Meseta de Requena-Utiel se realizaban siempre el Domingo de Resurrección vinculándose con la procesión de El Encuentro allí donde la hubiere. Muchas veces estos muñecos eran realizados con finalidad de crítica social.

Existen noticia de confección de judas en Fuenterrobles con el nombre de “pelindangos”; Barrio Arroyo como “pelindangos criticones”, Sinarcas con el nombre de “El Riego” (quizás vinculado al general liberal Rafael Riego), Caudete donde se confeccionaban dos o tres judas, Camporrobles, Requena, Utiel y Venta del Moro. En las aldeas de Casas de Moya (Venta del Moro) y Villar de Olmos (Requena) tenían la particularidad de confeccionar un judas y una judesa.

El rito consistía en un verdadero ensayo ritual de representación colectiva que formaba un esquemático drama teatral. El castigo, la destrucción o la quema de estos monigotes quedaba asociada simbólicamente a la eliminación pública de conductas censurables y por lo tanto era un acto de justicia social. Los monigotes y otros mamarrachos alusivos a sucesos o noticias desdeñables y perniciosas pretendían criticar con la exposición, y después eliminar con su destrucción, las referencias o los hechos reales o ficticios, padecidos o temidos, que azoraban al colectivo.

En Utiel, el cronista Martínez Ortiz se acordaba de ver unos ocho judas la mañana del Domingo de Resurrección colgados de los segundos pisos con intención de sátira y crítica como aquel dirigido contra los intermediarios vinateros que no pagaban a los agricultores y los colgaron simbólicamente con un letrero: “Por no pagar el vino”.

En Venta del Moro el rito sigue realizándose con total vigor. Son los “quintos” del año los encargados de confeccionar el único judas. La noche del Sábado de Gloria en la que se barrunta la próxima resurrección de Cristo comienza el protocolario suplicio del Judas con su confección y cuelga del campanario de la iglesia parroquial para escarnio público. A las 9 de la mañana del Domingo de Resurrección sale la procesión del Encuentro de la Virgen (portada y seguida sólo por mujeres) y del Niño (portado por los quintos y seguido por los hombres). Cuando se “encuentran” ambas imágenes, la banda municipal entona el himno nacional y se empiezan a tañer manualmente las campanas a rebato por los quintos. Es el momento en el que el “judas” es despeñado desde la torre. La caída y el choque contra el suelo sirven de detonador para que un expectante grupo de niños, pertrechados de bastones y cañas, comiencen a apalear al monigote en la misma plaza, mientras las campanas lo celebran. Un niño mayor coge al judas de la cuerda y lo arrastra por las calles del pueblo seguido por la chiquillería que no para de apalearlo. El judas es arrastrado hasta la rambla, el lugar más bajo de la población que simboliza un descenso metafórico hasta lo más bajo: el infierno. Es allí donde finalmente se le prende fuego.

El final del personaje criticado u odiado, identificado o no con un vecino, reconocido en una actitud o en una acción indeseable, o sublimado bajo la estampa conceptual del mal, vulgarizada y generalizada con la del Judas, siempre es el mismo - la ejecución, la destrucción o la hoguera — porque lo que se pretende simbólicamente es purificar a la comunidad vecinal, expulsar todos los elementos negativos y a la vez, también, conjurar y propiciar el porvenir, otorgando un papel principal y loable a los niños y a los jóvenes.

Para saber más:

- NARBONA VIZCAÍNO, Rafael. “¿Judas?. Sí, gracias”. El Lebrillo Cultural, noviembre 2000, n. 13. P. 16-19.

- MARTÍNEZ ORTIZ, José. Utiel: biografía afectiva. Utiel, Ayuntamiento, 1978, 234 p. + 5 il.

  • Arrastre del judas por Venta del Moro
  • Apaleamiento del judas en Venta del Moro
  • Quema del judas en Venta del Moro
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