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Documento del mes de julio de 2018: la patata de Requena y su ubérrima huerta

AMRQ 4726/5. Formación del encabezamiento de rentas provinciales de Requena realizado en enero de 1806.

 

Requena está ubicada entre varios manantiales que desde antiguo han sido aprovechados para generar un sistema de riego extenso que le ha procurado siempre tener una buena huerta ya no sólo de autoabastecimiento para la economía familiar, sino también para la venta de excedentes. La historiografía ha descuidado este aspecto importante de la economía requenense.

Ya las primeras actas del Concejo de Requena del siglo XVI contienen muchos acuerdos dirigidos al mantenimiento de las acequias que desde los alrededores de Requena surcaban no sólo el área periurbana, sino además el propio casco urbano. Había toda una arquitectura del agua con sus fuentes, presas, azudes, molinos, batanes, acequias, lavaderos, tintes, etc. Muchas de estas huertas estaban muradas y en ellas se practicaba también la viticultura.

A la altura de 1752, el Catastro del Marqués de la Ensenada expone una agricultura intensiva de regadío, situada en la vega del río Magro y en el entorno de la villa de Requena (Muñoz Navarro, 2009). El cinturón de huertas que circundaba la ciudad generaba una producción hortofrutícola muy variada que en la economía del Antiguo Régimen era un complemento interesante que permitía que los requenenses no fueran únicamente “comedores de pan”. En 1752 destacaba la producción de habas, bajocas, garbanzos, nabos, melones, cebollas, calabazas y otras hortalizas en general. También se regaba el lino y cáñamo.

Pero un producto aparecerá con fuerza en la huerta requenense: la patata. Requena jugó un papel importante como difusor del cultivo de la patata a nivel español y para el consumo humano.

La tardía incorporación de la patata a la dieta europea en el siglo XVIII y la extensión de su consumo en el XIX fue vital para acabar con las periódicas crisis de subsistencia y carencias nutricionales, aún a pesar de que supuso la permanencia de niveles alimenticios cualitativamente deficitarios. Hay historiadores que relacionan la incidencia del consumo de patata y el crecimiento de la población europea. Todo ello, a pesar de que costó mucho acabar con la aprensión humana por el consumo de patatas que era alimento de ganado y se relacionaba con las fiebres y la lepra.

Los primeros cultivos en Europa se hicieron en Canarias y Sevilla. La incorporación de la patata al diccionario de la Real Academia Española de la Lengua en su acepción actual es muy tardía, pues no la encontramos hasta 1817. Los anteriores tesoros de la lengua la confundían con la “batata” o boniato. Lo que sí recoge el diccionario de Covarrubias de 1611 es el nombre de criadillas o turmas de tierras. Criadillas o popularmente “crillas” es como en Requena de denominaban y se exportó al valenciano donde se le denomina “creïlla”.

Las hambrunas y el alza de precios de los cereales impulsó a los humanos a probar con la patata. En Galicia, a partir de la hambruna de 1768, se empezó a plantar por los campesinos pobres para su consumo. Las reales sociedades económicas del país tuvieron un importante papel en la difusión del cultivo y consumo de la patata en la segunda mitad del siglo XVIII. A esta labor proselitista se le unieron los curas párrocos rurales (Piqueras Haba, 1992) .

La difusión en España de la patata fue muy desigual y a mediados del XVIII sólo se cultivaba en Canarias, Galicia, La Mancha y Salamanca.

Requena fue de las primeras áreas productoras de su cultivo para consumo humano. A la fecha temprana de 1789, ya cogían criadillas por valor de mil reales, dato que si se enlaza con el de 31.500 reales de 1806 nos da un crecimiento astronómico de la producción que se multiplicó por treinta y uno. La variedad se denominaba “piñeta de Requena”. Hacia 1840 ensayaron en la Huerta de Valencia con la piñeta requenense, la criadilla manchega y la patata gallega y hacia 1850 con patatas de siembra de Holanda, Irlanda e Inglaterra.

El documento del mes recoge la producción estimada por unos peritos hortelanos en enero de 1806 de hortalizas y legumbres de Requena para venta, sin contabilizar las de autoconsumo familiar. En algunos productos la huerta de Requena era autosuficiente y en otras tenían que importar. Destacan las criadillas o patatas que suponen 31.500 reales del total de 77.180 reales imputables a todos los productos de la huerta. Una producción muy diversificada de pimientos, lechugas, tomates, cerecillas, grumos, cebollas, calabazas, coles, cardos, escarolas, chirivías, nabos, berzas, espinacas, ajos tiernos, frutas de hueso, bajocas tiernas, guisantes, habas, etc.

La expansión urbanística de Requena en los años 40 y 60 del siglo XX hacia la parte del Oeste acabó con gran parte de estas huertas.

 

Para saber más:

 

MUÑOZ NAVARRO, Daniel. La Villa de Requena a través de las Respuestas Generales del Marqués de la Ensenada 1752. Requena, Ayuntamiento, Centro de Estudios Requenenses, Archivo Municipal de Requena, 2009, 249 p.

 

PIQUERAS HABA, Juan. “La difusión de la patata en España (1750-1850): el papel de las sociedades económicas y del clero rural”. Ería: Revista cuatrimestral de geografía,  Nº 27, 1992,  p. 80-89.

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