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Antonio Villa-Toro. Antología
Exposición de la colección de la Fundación del Santo Hospital de Pobres de Requena
24/08/2017 - 20:00

SALA MUNICIPAL DE EXPOSICIONES ANTIGUO MERCADO

Del 24 de agosto al 24 de septiembre

De 17:00 a 20:00 horas.

Antonio Villa-Toro vuelve a exponer en Requena. Amigo personal y pintor

favorito de Florencio de la Fuente, fue de la mano de este filántropo y mecenas
del arte de la que vino a nuestra ciudad para exponer el Bestiario (2002), el Valle
de los Travestidos (2003), Divinamente (2005) junto con Fabio McNamara,
los Omeyas (2006) o Felipe II y su corte (2007).
Precisamente en esta exposición que presentamos ahora recorreremos
estas series e incluso obras de los años ochenta y noventa, dentro de una selección
que recoge una parte de las 85 piezas que forman la colección que, de
la obra de Antonio Villa-Toro, conserva la Fundación Santo Hospital de Pobres
de Requena.
Antonio Villa-Toro es conocido en Requena, por ello, para explicar su
obra, únicamente citaremos dos breves textos de algunos de los catálogos que
de su obra se editaron en Requena:
 
“Pocos son los artistas de la movida que quedan vivos (Tino Casal, Las
Costus y Carlos Berlanga ya nos dejaron), pero Villa-Toro sigue aquí. El enseñó
a tocar la guitarra a Carlos Berlanga y a Nacho Canut, el pintó con Tino
Casal en los tiempos de La Movida, expuso en las Galerías: Juana Mordó, Nati
Abascal y Tita Cervera. Gran admirador del arte egipcio y etrusco, sus obras
nos transmiten serenidad y equilibrio. Pinta lo que le da la gana sin seguir las
tendencias y es absolutamente inclasificable.”
                                                                                                         Fabio McNamara
 
“Villa-Toro terminó hace ya tiempo creando un lenguaje propio con el
que contar el mundo. En los temas que ha tratado en los últimos años, bien
en su faceta más puramente matérica o abstracta -como en los ciclos de los
Omeyas- o en su vertiente más figurativa, centrada en el retrato o la recreación
de personajes -como en las series del Bestiario, los Travestidos o la corte de
Felipe II- percibimos la misma impronta indeleble. Es el mismo hálito el que
anima la vida de cada cuadro; el mismo líquido dentro de distintos recipientes.
En su lenguaje, Antonio ha hecho endémicas las pinceladas enérgicas
y extravertidas; en sus retratos, el trazo del perfil simplifica las formas para
centrarse en la expresión de lo esencial. Aparecen la permanente robustez de
los cuellos y las narices colocadas de perfil sobre un rostro de frente, al uso de
la pintura más prístina. La desinhibición en el color, tanto en abstracto como
en figurativo, alcanza lo orgiástico. Con frecuencia aparta la paleta y dispone
los colores en la tela para que la retina los funda. La misma personalidad se
detecta en su obra escultórica.”
                                                                                                          Roberto García
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