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Historia

 

1. Requena ibérica y romana

 

Uno de los lagares ibéricos del yacimiento de La Solana de las Pilillas
Uno de los lagares ibéricos del yacimiento de La Solana de las Pilillas

Los resultados de las excavaciones arqueológicas realizadas en el interior de la Fortaleza y en la Plaza del Castillo (antigua Plaza de Armas) de Requena han permitido fijar en el siglo VII a. C. los primeros indicios de población y el origen de la ciudad en su núcleo histórico de “La Villa” con la presencia de esculturas y cerámicas de la 1ª Edad del Hierro-Ibérico Antiguo. Del Ibérico Pleno siglo IV-III a C también se ha hallado una gran habitación de planta rectangular y una serie de hogares de arcilla asociados a ella, así como cerámicas típicas de este período.

 

Existe un gran número de yacimientos ibéricos en la comarca de Requena entre los que se pueden destacar los lagares ibéricos de la Solana de las Pilillas y Rambla de los Morenos (Los Duques-Requena s. VI a C.), la ciudad de Kelin-Los Villares (Caudete de las Fuentes s. VII a.C.), Casas de Cárcel (Requena-Río Cabriel), El Molón (Camporrobles), alfar ibérico de la Casilla del Cura (Venta del Moro), la Maragala (Sinarcas), Moluengo (Villargordo), Los Alerises (Requena), El Paraíso (Requena), Prados de La Portera I y II (Requena), Hortunas de Abajo (Requena), Los Villares de Barranco Malo (Requena), Cerro de San Cristóbal y Cerro Carpio (Sinarcas), La Muela de Arriba (Requena), Cerro Hueco (Requena), La Morreta (Requena), Las Quinchas (Requena), Cueva de los Ángeles (Requena), Los Lidoneros I y II (Requena), Barranquillo del Espino (Requena), El Tochar (Venta del Moro), el Rincón de Taray (Requena) y La Peladilla (Fuenterrobles), entre otros. Los yacimientos de Las Pilillas y de Kelin atestiguan el cultivo de la vid y elaboración de vino ya desde el siglo VII a.C.

Otro momento cronológico de Requena ciudad corresponde a la época Imperial Romana de entre los siglos II a C al II d C basado en la recuperación de materiales de construcción, así como una serie de silos de planta circular junto a un horno de fábrica de ladrillo y mortero de cal. También se hallaron tres aljibes con muro y pavimentos de Opus Signinum. La forma de ocupación en la comarca está basada en villas rústicas. Se encuentran numerosos restos romanos repartidos por la Vega del Magro (Requena-Utiel), Casa Doñana (Caudete de las Fuentes), Solana de Utiel, Los Tunos (Requena), Villar de Olmos (Requena), Cañada del Pozuelo (Sinarcas), Lobos Lobos (Sinarcas), etc. Se mantienen contactos con Valentia, Edeta y Valeria. Del S. I d. C. se encuentran inscripciones romanas (Cornelius, Domitius, Caecilius…), así como el importante monumento funerario de Domitia Iusta y sus familiares en la Calerilla de Hortunas (Requena).

 

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2. La época musulmana

 

El Arco del Ovejero permitiría el paso entre la muralla de la Medina y del Arrabal de San Nicolás
El Arco del Ovejero permitiría el paso entre la muralla de la Medina y del Arrabal de San Nicolás

La villa medieval de Requena aún esconde vestigios de su pasado musulmán, cuando Requena ya estaba marcada por la impronta fronteriza de ser divisoria entre los reinos de Valencia y Toledo. Sus fortificaciones serán testigos de las luchas fronterizas y también del avance de la conquista cristiana que iba ganando para la Corona de Castilla las plazas de Cuenca (1177), Alarcón (1184), Iniesta (1185), Moya y Mira (1219). Entre el 2 y 4 de agosto de 1172 se registra el paso del ejército almohade del califa Abú Ya’qub Yusuf que acampará en el castillo de Requena en su retirada desde Huete. Son varios los intentos fracasados de conquista cristiana de Requena: el acontecido en 1181; el intento de la toma de Requena por Alfonso VIII en 1212 y especialmente el 29 de septiembre de 1219 se registra el asedio cristiano a Requena por el Arzobispo de Toledo D. Rodrigo Ximénez de Rada que será repelido por los musulmanes requenenses.

 

Es en la propia toba de 4’7 hectáreas de la Villa de Requena, que ya había registrado antecedentes de ocupación ibera, romana y visigótica, donde se emplaza una ciudad hispano árabe marcada por el prototipo clásico de este tipo de urbes: una alcazaba, una medina y un arrabal.

Su recinto es fácilmente identificable por la cerca amurallada y sus torres, que la defendían y que –a pesar de estar subsumidas en las edificaciones adosadas posteriormente- se pueden localizar en parte entre la calle del Rosario y la Angostura de Santa María, como extremos defensivos de la fortificación. El amurallamiento y torres desde la calle Rosario giran buscando el norte por el exterior de la calle Santa María y por la Puerta y Torre del Cristo hacia el Castillo.

La alcazaba se ubica en la parte más elevada y periférica del asentamiento y, como era habitual, separada de la propia medina por el espacio libre de la Plaza del Castillo como posición defensiva intramuros. El carácter defensivo de sus torres y murallas se acentuaba por la altura y el desnivel de su emplazamiento. A las fortificaciones propias de la alcazaba se añadía la torre mayor (reconstruida posteriormente) que protegía la subida por la Cuesta del Castillo. Conectaba con el resto de la fortificación a través de un puente levadizo ya desaparecido, pero cuya ubicación queda perfectamente localizada por los restos de las torres que lo flanqueaban: los cubillos.

A cierta distancia de la alcazaba, se ubicaba la propia medina o ciudad. El entramado árabe de las calles fue profusamente reformado posteriormente, especialmente durante los Austrias, pero aún es reconocible en los callejones o antiguos azucaques del Callejón del Pozo, Poblete, el quiebro de la calle Marinieves o Plaza de la Jorra. En la actual Iglesia de Santa María o en sus proximidades podría haberse ubicado la mezquita.

La medina alcanzaba desde el final de la Plaza del Castillo hasta la calle del Rosario donde son apreciables parcialmente aún los restos de su gran tirada de lienzo de murallas y las torres de la antigua fortificación musulmana que superan la decena. Las torres son de tres pisos y están dispuestas en su parte convexa hacia el Templo de San Nicolás para proteger claramente la medina ubicada en la parte norte de la muralla. También en la calle Santa María, en el extramuro, se puede apreciar antiguas torres.

Fuera de las murallas se ubicaba el arrabal de San Nicolás, entre las actuales calles de Somera y San Nicolás, aunque el trazado actual rectilíneo de estas vías es posterior a la época musulmana. El arrabal poseía sus porpias murallas que aun se aprecian en muchas de las casas del Arrabal de San Nicolás y la Torre Montijana, que fueron reconstruidas en el siglo XV. Entre el arrabal de San Nicolás y la medina habría varios accesos como el Arco del Ovejero o los ya desaparecidos de la Purísima y Santa María.

Las puertas de la ciudad eran el lugar desde donde arrancaban los caminos a las ciudades más pobladas. Herencia de las puertas musulmanas es el empleo del recodo en el interior que dificultaba el acceso de asaltantes. Estos recodos estaban presentes en la desaparecida Puerta de Alcalá (que daba acceso al camino de Alicante), la Puerta del Cristo y la de Fargalla (inicio del viejo camino a Valencia).

En la comarca habría que destacar que el yacimiento ibérico de El Molón (Camporrobles) también registró una ocupación islámica.

 
 
 

3. Requena: cristiana, capital de Alfoz y frontera de Castilla. 1238-1480

 

Rueda de Alfonso X de Castilla El Sabio quien otorgó la Carta Puebla de Requena y su comarca en 1257 junto a su propio Fuero.
Rueda de Alfonso X de Castilla "El Sabio" quien otorgó la Carta Puebla de Requena y su comarca en 1257 junto a su propio Fuero.

El avance cristiano por tierras conquenses y albacetenses era ya irrefrenable y entre finales de 1238 y principios de 1239, el Obispo de Cuenca realiza la conquista cristiana (seguramente vía capitulación o pleitesía) de Requena para la corona castellana de Fernando III “El Santo”. Desde entonces y hasta 1851, Requena y su comarca han pertenecido a Castilla.

 

El 4 de agosto de 1257 se otorgó por parte de Alfonso X "El Sabio" la Carta Puebla de Requena a Fuero de Cuenca. Este documento establece una serie de licencias con las que se intentaba facilitar la población cristiana de Requena y sus aldeas históricas, configurándola como un núcleo urbano estable que se convierte en la frontera de Castilla. A partir de 1257, Requena y su extenso término disfrutaron de algunos privilegios, franquezas y concesiones reales que le consolidaron como un territorio de realengo dotado con derechos propios de fuero (Fuero de Requena), aduana, pontazgo, mercado franco, feria, etc. Estas concesiones permitieron el desarrollo de Requena y su antiguo término y la consolidación de su población en un área fronteriza y de tránsito entre la Meseta castellana y el Levante mediterráneo.

Por entonces, el extensísimo alfoz o término de Requena englobaba la propia Requena, Utiel (segregada en 1355), Mira (agregada a Requena en 1260 y segregada en 1537), Villargordo (emancipada en 1747), Camporrobles (1782) y finalmente Venta del Moro, Caudete de las Fuentes y Fuenterrobles (segregados estos últimos en 1836). Este alfoz lindaba con el Marquesado de Moya, Iniesta y el Reino de Valencia (Vizcondado de Chelva, Hoya de Buñol y Valle de Ayora).

La economía requenense de base ganadera-cerealícola, con un término señalado con numerosas dehesas (6 ya delimitadas en 1406 a la que se añadirían varias más en el s. XVI), recibe el influjo también de su papel fronterizo y de trasiego viario, pues se enclavaba en un camino principal entre la Meseta y Valencia. También los documentos atestiguan el cultivo de la vid y feraz huerta y vega requenense. Su aduana y puerto seco comportaban fuertes ingresos para el Concejo. Numerosas concesiones reales consolidaban la posición clave de Requena y la primacía de los Caballeros de la Nómina, ya citados en la Carta Puebla.

Aunque Requena permaneció casi todo el tiempo como tierra de realengo, los cortos periodos de señorío (1465-68 con el Conde de Castrogeriz y 1470-1480 con el Marqués de Villena) y las disputas entre castellanos y aragoneses (s. XIII y XIV especialmente) y entre la nobleza y monarquía provocarán momentos de conflictividad que dejarán su impronta en el reforzamiento de murallas y torres.

Es en este contexto cuando Requena crece más allá del núcleo fortificado del Barrio de la Villa. En los s. XIII y XIV, la ciudad se expande por el Arrabal, destacando la implantación del Convento-Monasterio del Carmen como primer convento del Carmelo en tierras castellanas. Posiblemente desde la segunda mitad del s. XIII surge el típico Barrio de Las Peñas con una fuerte impronta morisca que aprovecha su ubicación al norte de la Villa en una toba abrupta, estrecha y alargada de Norte a Sur. Su ubicación en este periodo discurriría entre la Ermita de San Sebastián y el estrecho de las Arenas y entre el callejón del Piojo y la calle de las Bodegas. Este barrio mantiene mucho de su tipismo constructivo y aún hoy es apreciable elementos como un callejero estrecho y sinuoso con azucaques musulmanes tipo el de la calle de la Era.

La aduana se situaba en el Puente de Santa Cruz también llamado de "las Ollerías", desde donde entraría el camino de Valencia, que proseguiría hasta la Villa accediendo por la Puerta de Fargalla en la angostura de Santa María. En el s. XV, este camino de Valencia accedería a la Villa por la Cuesta de las Carnicerías y desde aquí se dirigiría por la Puerta de Alcalá al viejo camino de Alicante o al interior castellano por la Puerta del Cristo. Con el paso del tiempo, se mantendría intacta la función viaria de Requena, pero el trazado por dentro de la ciudad de los caminos principales experimentaría cambios.

Posteriormente, intramuros de la Villa se realizaban reformas de carácter italianizante con el trazado rectilíneo de calles del viejo callejero musulmán como las de Somera, San Nicolás o la propia Plaza de San Nicolás. En la Calle Somera se emplazaba en el s. XV el imponente Palacio gótico llamado del Cid.

Del s. XIII al XV como muestra de la rápida cristianización de la sociedad estaban ya levantados los principales edificios eclesiásticos de Requena. Convento del Carmen y San Nicolás, El Salvador, Santa María (con referencias documentales ya desde 1333) y San Sebastián, aunque experimentarían todos ellos posteriormente grandes reformas y ampliaciones. Las famosas cuevas de la Villa aparecían en el subsuelo de la toba requenense.

En 1355 Utiel se segregaba del término de Requena y en 1468, Enrique IV concedió a Requena privilegio de mercado franco el jueves de cada semana.

 
 
 

4. La Requena de los Reyes Católicos y los Austrias: renacimiento, comercio y comunicaciones. 1481-1699.

Iglesia de Santa María
Iglesia de Santa María

La subida al poder de los Reyes Católicos (1474-79) supuso el aplacamiento de las luchas nobiliarias, el fin del dominio del Marqués de Villena sobre la comarca (1470-1480) y un periodo de pacificación que aprovecha Requena para realizar los trabajos principales de construcción de las Iglesias de Santa María y del Salvador y también del Castillo y Torre del Homenaje. Se acrecienta la función de la ciudad como centro comercial y nudo de comunicaciones, a la vez que aminora su función militar. La actividad mercantil entre la Meseta y Valencia aumenta, lo que supone un incremento considerable de los ingresos por los conceptos de aduana y puerto seco. Se manifiesta ya una incipiente industria pañera, antecedente de la expansión de la industria sedera del s. XVIII.

Demográficamente, el casco de la ciudad de Requena sólo crece en dos siglos de 516 a 813 vecinos (de unos 2.320 habitantes a unos 3.660). Incidirán muy negativamente en el censo de la población los constantes episodios de peste y otras enfermedades, además de las constantes sequías, plagas de langosta, malas cosechas y hambrunas. 

Otras incidencias climatológicas importantes son las riadas que obligaron a la constante reparación de puentes de la ciudad (Puente de Jalance, Santa Cruz), así como del extenso término (Vadocañas, Pontón, Pajazo, Puente Seca, etc.).

El aumento del tráfico comercial y el desarrollo de medios de transportes como las grandes carretas aconsejaron desviar el tráfico de la Villa (cuestas, bodegas subterráneas,…) definitivamente hacia la zona del Arrabal. Otras calles que surgen en este periodo en el Arrabal son las del Poeta Herrero, la de las Cojas (actual Pérez Galdós), Rey de Francia, Diezmo y del Almazar. La ciudad quedaba así impregnada por una concepción renacentista con la creación de calles rectas y anchas (más apropiadas para la circulación de carretas). En la Villa también se realizan este tipo de reformas sobre las calles de la Purísima, Collada, del Cristo, parte de la de Marinieves y especialmente la Plaza de la Villa que quedaría como la gran plaza de este barrio.

Los edificios civiles y públicos son impulsados durante esta etapa. A mediados del s. XVI, el maestro Mateo de Urquiza remata en los Cuatro Cantones de Santa María la nueva Casa Capitular, el Pósito y la Cárcel. En 1583 se construía en la Calle del Carmen el edificio del Hospital del Dulce Nombre de Jesús o del Niño Perdido, más conocido como “del Novillero”. En 1668 se erigía el Colegio de San José y San Nicolás, gracias a la fundación instituida por D. Juan García-Dávila y Muñoz. En 1685, Diego Martínez Ponce de Urrana construía una nueva Casa Consistorial, la Cárcel, la Casa del Corregidor y la Casa del Verdugo en la Plaza de la Villa. Como ejemplo de arquitectura renacentista queda la bella portada de la Casa de Santa Teresa.

El Castillo y la Torre del Homenaje reciben un impulso definitivo a principios del s. XVI. En 1659 aún se realizan importantes obras de reparación de la fortaleza bajo la dirección de Bartolomé López.

Los Templos de Santa María y El Salvador quedan terminadas durante la primera mitad del s. XVI, pero junto con San Nicolás se realizan en estos templos constantes reformas y ampliaciones. En 1636 se alza la vieja Torre de El Salvador, caída en la nevada del 24 de enero de 1779. La actual portada del Convento del Carmen se remataba en 1660. Aparecen otros edificios religiosos como el Convento de San Francisco (1619) construido en la Loma. En 1631, se inauguraba el Convento de San José de Agustinas Recoletas en la Plaza del Portal donde proseguiría hasta su demolición en 1937.

En 1537 la aldea de Mira se segregará de Requena. En 1591, en el Censo de Castilla, Requena poseía 964 vecinos (unos 4.440 habitantes): 917 pecheros, 31 hidalgos, 14 clérigos y 2 conventos de 20 religiosas.

 
 
 

5. El s. XVIII y los borbones: la Requena industrial

Puente de Jalance reconstruido tras la riada de la Noche de Santa Sabina (27 de octubre de 1728)
Puente de Jalance reconstruido tras la riada de la Noche de Santa Sabina (27 de octubre de 1728)

El siglo XVIII comienza en Requena con el estallido de la Guerra de Sucesión (1700-1714) y el severo saqueo y graves destrozos que provocaron las tropas austracistas en el casco urbano. Las viviendas y edificios públicos y eclesiásticos de la ciudad quedaron profundamente afectados entre el 23 y 28 de junio de 1706. La entrada austracista dejó un saldo de 500 sitiadores y 40 sitiados muertos, además de unas 300 casas destruidas y la portada gótica de San Nicolás. Además arreció una epidemia de peste. A todo ello se añadiría, tras la Batalla de Almansa del 25 de abril de 1707, la supresión de los fueros valencianos y también de la aduana y puerto seco requenense. 

No obstante, este mal inicio de siglo, el siglo XVIII se revelaría en Requena ciudad como un periodo de crecimiento demográfico y urbano importante. En 1699 el censo registraba 1.026 vecinos en el aún muy extenso término de Requena: 96 en Camporrobles, 49 en Villargordo, 20 en Caudete, 15 en Venta del Moro, 11 en Fuenterrobles y 835 en Requena y sus actuales aldeas. En 1752 el término actual de Requena (sin contabilizar sus antiguas aldeas ahora municipios) contaba con 1.294 vecinos y 930 casas en su casco urbano. El Censo de Floridablanca de 1787 arrojaba las cifras para Requena de 8.588 habitantes.

Lo que marcó sin duda la economía del núcleo urbano durante todo el s. XVIII fue el gran desarrollo de la industria sedera en Requena que llegó a convertirse en el cuarto centro consumidor de esta materia prima de España. El número de telares de seda de la ciudad alcanzaron los 750 y en 1752 el sector industrial suponía el 38 % de la población activa. Requena se convirtió por primera vez en una ciudad en la que gran parte de sus ingresos dependieron de la actividad industrial. Al calor de los acontecimientos, se aprobaron las Ordenanzas del Arte Mayor de la Seda (1725) y todas las ordenanzas de los gremios de la industria textil (torcedores, tintoreros, etc.). 

El crecimiento económico y las luces de la Ilustración comportarían también la creación de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Requena (1785). Nombres borbónicos se imponen a las nuevas calles que se abrieron en este periodo (San Luis, San Fernando y San Carlos –actual Avenida Constitución-) y calles adyacentes que configuran un barrio dieciochesco que aun conserva un porte muy interesante de visitar. A finales del s. XVIII se producía el alineamiento como calle en su tramo por Requena de la carretera de las Cabrillas en los que es actualmente la Calle General Pereira.

San Nicolás fue el gran templo afectado por la Guerra de Sucesión y su reconstrucción se realizó entre 1721-1727. No obstante, su bella portada neoclásica actual fue finalizada en 1786. La Iglesia del desaparecido Convento de San José de las Agustinas se erigía en 1700 y el convento se ampliaba en sí en 1726, igual que la Iglesia de Santa María. Se reforma la bella Capilla de la Virgen de la Soterraña en la Iglesia del Carmen en 1742. La ermita de San Sebastián en el Barrio de las Peñas sería también objeto de una amplia reforma en 1786, dotándola de tres naves con el añadido de la Capilla de San Cayetano y su graciosa cúpula.

El periodo no estará exento de las calamidades públicas. Las temibles pestes se sucedían con las muy frecuentes sequías y plagas de langosta. Pero la catástrofe mayor vino en forma de gran temporal en la tristemente célebre Noche de Santa Sabina del 27 de octubre de 1728 con una riada que destruyó los puentes de Utiel, Jalance y Santa Cruz y el Camino Real de Madrid, así como muros y torreones de la fortificación requenense. En 1735, una parte de la infraestructura viaria ya había sido reconstruida, conservándose actualmente la planta del Puente de Jalance y Santa Cruz. Posteriormente, una aciaga nevada el 24 de enero de 1779 hunde la Torre de El Salvador de Requena y arruina parte del templo. La torre y el templo se reconstruyen posteriormente y quedan con su factura actual.

Requena continuaba poseyendo una fértil actividad comercial como enlace entre Meseta y Levante. El 5 de noviembre de 1757 Fernando VI otorgaba licencia para restablecer la feria de nueve días dedicadas a la festividad de Nuestra Señora de la Soterraña.

Por tanto, Requena era en el s. XVIII una ciudad con 3 templos parroquiales monumentales, 3 conventos con huertas muradas, un colegio, un hospital, 5 mesones y muchas bodegas subterráneas. La capital municipal perdía parte de su término municipal con la segregación de Villargordo del Cabriel en 1747 y Camporrobles en 1782.

En el agro, el crecimiento demográfico de las partidas rurales llevó consigo la roturación de las tierras del común, dehesas y baldíos a partir de 1768 y hasta finales de siglo. El Concejo de Requena perdería muchas tierras de propios y comunales en beneficio de propietarios y agricultores acomodados que tomaron tierras por el método de prisión para su roturación y que posteriormente compraron las “suertes” en que se dividieron este tipo de tierras. La agricultura, impulsada por la Ilustración, ganaba la partida a la ganadería. La viticultura, que ya gozaba de más de 700.000 cepas en 1651, se extiende desde la periferia urbana de Requena a parte de su entorno rural.

 
 
 

6. S. XIX: de ciudad industrial a ciudad rural en época de conflictividad. La agregación a la provincia de Valencia

La llegada del ferrocarril a Requena (1887) fue fundamental para la economía de la comarca. Estación de Requena
La llegada del ferrocarril a Requena (1887) fue fundamental para la economía de la comarca. Estación de Requena

El XIX será un siglo especialmente convulso y de cambios en Requena. La Guerra contra el Francés, las constantes incursiones carlistas, las algaradas liberales, las frecuentes y letales epidemias de cólera, los cambios en las comunicaciones (la carretera de Madrid y el ferrocarril), la gran crisis de la industria sedera, la expansión de la viticultura comercial, las bancarrotas y las revueltas antifiscales y la segregación de gran parte de su término son sólo algunas características de este siglo febril. Requena acabará el siglo con una estampa muy diferente a la del s. XVIII: una ciudad en crisis demográfica frente a un entorno rural en expansión por el auge vitivinícola.

El belicismo del siglo XIX, reforzaría el valor estratégico y militar de Requena. En la Guerra de la Independencia de 1808, Requena asume su papel de bastión y capital de la lucha contra el francés. El 30 de mayo de 1808 la Junta Suprema de Defensa de Valencia autorizó la capitalidad de Requena sobre los pueblos de Castilla la Nueva en su lucha contra los franceses. Por contra, el 16 de enero de 1812 la administración napoleónica estableció también en Requena la capital del 83 Distrito Militar para controlar las constantes incursiones de las guerrillas de Juan Martín “El Empecinado” y de Pedro de Villacampa. Hasta la retirada definitiva de los franceses de Requena en junio de 1813, la ciudad experimentó constantes entradas de ambos bandos. 

De gran importancia fue Requena también como bastión borbónico en las guerras carlistas. Ya durante la primera guerra carlista (1833-1839), se realizaron diversos planes de refortificación que han dejado vestigios visibles en el mobiliario urbano de la actual Requena. El 21 de septiembre de 1836 Isabel II otorgaba el título de “Muy Noble y Muy Leal Ciudad” a Requena como respuesta a la gran defensa borbónica realizada. 

Muros y tapiales aspillerados, tambores aún visibles, baterías y fosos reforzaron las defensas requenenses. Las guerras carlistas se suceden hasta que en 1880 son demolidos portales, baterías, tambores, cuerpos de guardia, tapias y muros aspillerados construidos en la 3ª Guerra Carlista en Requena. Además, a estos periodos bélicos se le suma las periódicas convulsiones de algaradas y pronunciamientos liberales y las revueltas populares contra los “consumos” o impuestos en tiempos de bancarrota.

La coyuntura económica siempre deja su huella en el mobiliario urbano. La industria sedera entra en una profunda crisis de la que ya no se recuperará, de tal forma que en 1901 sólo había 5 telares en funcionamiento. Por el contrario, desde la segunda mitad del s. XIX, se produce la gran expansión de la colonización vitivinícola que ha caracterizado la comarca hasta estos tiempos. La crisis del oidium y la filoxera en los viñedos franceses y catalanes traería consigo el fenómeno de una viticultura comercial en rápido crecimiento que respondía a la demanda europea de vino. La crisis industrial y el crecimiento agrario supondría un gran cambio en el mapa de distribución de la población del término de Requena: la ciudad pierde habitantes (de unos 10.300 en 1805 a 7.400 en 1887) frente a un poblamiento diseminado en caseríos y aldeas en plena expansión. Además, el censo poblacional es diezmado periódicamente por la incidencia del cólera y otras epidemias (1803, 1804, 1812, 1834, 1854, 1855, 1856, 1865, 1866, 1885, 1890, 1897), que en ocasiones eran de una mortandad tremenda. La crisis económica finisecular fue de severa importancia en Requena.

Otro fenómeno de interés del siglo es el gran cambio que se producen en las comunicaciones. En mayo de 1847 se termina la travesía por la población de la carretera de Las Cabrillas (la que conectaba Madrid con Valencia pasando por el puerto de Buñol) por la actual calle Constitución con el gran ingeniero D. Lucio del Valle al frente. Otra vez, Requena sigue siendo un eje viario principal, hoy perfectamente visible en dicha calle. Se construyen en 1844 los actuales Puente de Valencia sobre el Regajo de Reinas y el de Utiel sobre el de Rozaleme como consecuencia del paso de la carretera. Para la realización de esta obra se utilizó a muchos presos que se instalaron en el Convento de San Francisco, que había sido previamente desamortizado. La carretera impulsó la exportación de harina de trigo y vino hacia Valencia.

Además, el 11 de septiembre de 1887 se realiza el primer viaje sin transbordo del Ferrocarril Valencia-Utiel. Por supuesto, esto supuso un gran cambio para la Requena de la época que ve desarrollarse una nueva zona de expansión hacia el Oeste del casco urbano y en torno a la estación de tren con la erección de fábricas, destilerías, bodegas y almacenes. Es un fenómeno que proseguiría en el primer tercio del siglo. El ferrocarril será un gran impulso para la economía comarcal que lo utiliza para exportar vino al Puerto del Grao de Valencia. 

En 1813, como era costumbre en la planificación urbana francesa, el Barón de Lamrandier construía el cementerio a las afueras de la ciudad, próximo al Barrio de las Ollerías. En 1834 se delineaba el Paseo de María Cristina, posteriormente Glorieta de Isabel II; sustituida en 1852 por la actual Glorieta, donde también se ubicaría la Feria. 

En 1870, se instaló la primera Biblioteca Popular de Requena y en el mismo año se inauguraba el alumbrado de gas de la ciudad que sería sustituido en 1898 por el eléctrico. En 1883 el Ayuntamiento adopta la decisión sobre el establecimiento de seis fuentes públicas que son construidas poco después: Fuente de la Carrera, de los Patos, de los Chulos, de San Luis, la de la Plaza España y la de la Glorieta.

La desamortización y exclaustración conventual llevó consigo los diferentes destinos funcionales de los conventos. El Convento de San Francisco es transformado sucesivamente en fortín, presidio y hospital de coléricos. La gran manzana del Convento del Carmen es utilizada parcialmente para la instalación de la Casa Consistorial en 1851 y del Instituto Libre de Segunda Enseñanza de Requena que era inaugurado el 1 de octubre de 1869. 

El término municipal se reducía drásticamente en 1836, al segregarse definitivamente tras varios conatos, los actuales municipios de Caudete de las Fuentes, Fuenterrobles y Venta del Moro. El amplio alfoz con el que contaba Requena en el s. XIII quedaba reducido a un considerable término municipal de 816 km. cuadrados con más de una veintena de aldeas, a las que se uniría Casas del Río en 1874, procedente de Cofrentes. El mapa municipal quedaba así como en la actualidad, tras siglos de segregaciones.

En 1834 se creaba el Partido Judicial de Requena con capitalidad en Requena y que agrupaba numerosos municipios de la actual provincia de Valencia y Cuenca.

El 26 de junio de 1851, Isabel II agregaba Requena y el resto de la comarca a la provincia de Valencia, separándola de la de Cuenca y quebrando el vínculo histórico que desde 1238 mantenía la comarca con Castilla. Sin embargo, eclesiásticamente, Requena y su comarca siguió perteneciendo a la Diócesis de Cuenca hasta 1957.

En 1887 se censaron 14.457 habitantes habitantes en Requena: 7.397 en casco urbano y 7.060 en aldeas.

 
 
 

7. 1900-1940: crisis vitícola y atonía urbana

El 17 de septiembre de 1901 se inauguró la Plaza de Toros de Requena con los diestros Bombita y Algabeño
El 17 de septiembre de 1901 se inauguró la Plaza de Toros de Requena con los diestros Bombita y Algabeño

A comienzos del s. XX se intensificó el proceso de ruralización que ya había comenzado en la segunda mitad del s. XIX con la diseminación de la población en caseríos y aldeas. El censo en el agro requenense llega a superar los 11.500 habitantes, frente a una Requena urbana que decrece hasta alcanzar un mínimo histórico de sólo 6.687 censados en 1930. El mortal cólera del s. XIX es sustituido por epidemias menos virulentas y menos frecuentes: es el tiempo del tifus y la gripe (1897, 1918, 1927, 1930).

La economía dependía considerablemente de la viticultura que es afectada periódicamente por crisis y plagas de importancia como la de la filoxera entre 1912-1915 y mildius. A la crisis mundial de 1929, se le sumaría además la cruenta Guerra Civil que mantuvo a España en guerra desde 1936 al 39.

Todo ello trajo consigo un considerable estancamiento del desarrollo urbano. El 17 de septiembre de 1901 se inauguraba la Plaza de Toros y en sus aledaños se erigía en 1910 el Barrio Obrero, antecedente de la considerable serie de barrios nuevos que se construirían en la Requena de segunda mitad del siglo XX. El desarrollo urbano seguía la tendencia de finales del s. XIX de centrarse en la zona Oeste de la ciudad, entre la Avenida General Pereira y Estación de Ferrocarril, prosiguiendo con la instalación de bodegas, almacenes, fábricas de alcohol, etc. Por el contrario, las familias pudientes reconstruían casonas de aire modernista en las calle del Peso y Avenida Constitución.

En 1905, se erige el Teatro Circo donde actualmente se ubica el Teatro Principal. En enero de 1911 comenzaba a funcionar la Estación de Viticultura y Enología de Requena que ha tenido un papel crucial en la viticultura comarcana del s. XX en su lucha contra las plagas, formación de enólogos e impulso del cooperativismo vitivinícola.

En 1928 se inauguró el Instituto Local de Segunda Enseñanza de Requena y los Misioneros Claretianos fundaron la Residencia e Iglesia neogótica del Corazón de María. En 1934 se creó el Colegio de Santo Tomás de Aquino de los dominicos que funcionó hasta 1968. 

En los prolegómenos de la Guerra Civil de 1936, se incendió el interior de la Iglesia y Convento de las Monjas Agustinas de Requena ubicado en la Plaza del Portal. Este convento sería derruido en 1937, como inicio de la gran transformación de esta plaza que se llevará a cabo a principios de los 40. Los edificios eclesiásticos son saqueados a comienzo de la Guerra Civil y en 1939 se decide el traslado de la Parroquia de San Nicolás al Carmen ante el estado lamentable del templo villero.

Por fin, la carretera de Requena a Almansa que fue proyectada por la Real Sociedad Económica en 1834, se finalizaba con la inauguración en diciembre de 1911.

 
 
 

8. 1941-2013: la reactivación de Requena como ciudad y su expansión urbana.

Vista aérea de Requena
Vista aérea de Requena

La segunda mitad del s. XX y principios del s. XXI suponen para Requena ciudad su expansión urbana y demográfica, así como la potenciación de sus funciones como urbe comercial y de servicios, además de su reactivación industrial en los últimos años. La población de Requena ciudad casi se duplicó entre 1950 y 2010, pasando de 8.259 habitantes a 16.877. Sin embargo, el crecimiento urbano contrasta con el sangrante éxodo rural que afecta a la población diseminada en las aldeas y caseríos que desciende alarmantemente de los 12.083 habitantes de 1950 a los 4.561 de 2010. Es por tanto, un escenario inverso a la ruralización de finales del s. XIX y principios del s. XX. 

La década de los 40 será un periodo de enormes carencias, con un franquismo en plena intensidad y un periodo autárquico que sume la ciudad y el campo en una enorme precariedad económica y alimenticia. En el monte y las aldeas más alejadas impera una constante inquietud por la lucha mantenida entre la Guardia Civil y la Agrupación Guerrillera del Levante, que incluso realizaba alguna incursión urbana.

Durante este periodo, los diferentes planes de planeamiento municipales que se imponen según las épocas tendrán un efecto decisivo sobre la urbanización. Un hito en el gran desarrollo urbano de Requena de esta época será el denominado “Plan Borso”. Este plan proyectará el urbanismo requenense durante más de medio siglo, planificando el gran crecimiento de Requena y preservando sus 3 barrios históricos: La Villa, Las Peñas y el Arrabal. 

Durante la segunda mitad del s. XX, el crecimiento de Requena es muy superior a todo lo construido en los siglos precedentes. Como consecuencia del Plan Borso, se remodeló la Plaza del Portal y se le da la actual ubicación a la bella y modernista Fuente de los Patos. De la Plaza del Portal partirá la rectilínea, amplia, práctica y bonita Avenida Arrabal que se convierte en el eje del desarrollo urbano requenense y en el centro neurálgico de la ciudad. La Avenida Arrabal se empezará a urbanizar y dotar de alumbrado público en 1952, apareciendo con anterioridad y posterioridad algunos de los recintos y edificios: el mercado viejo (1944), la cárcel y la bodega de la Cooperativa Vitivinícola Requenense cerca de la Plaza de Toros, el Teatro Principal (1946), el edificio de Correos y Telégrafos (1957), etc. En agosto de 1972 se inauguró la primera fase del emblemático Monumento Universal a la Vendimia en el tramo final de la Avenida. Pero, la Avenida sigue dando de sí y ya en el S. XXI se prolonga cruzando mediante una pasarela la antigua carretera Nacional III en el que es el nuevo recinto ferial.

Se produce una creación de barrios compactos y homogéneos por fases entre 1954 y 1998. Otro aspecto importante de esta etapa, es la creación en un corto periodo de tiempo de muchos de los centros docentes y edificios paralelos a éstos de los que hoy goza o ha gozado Requena.

Si la primera tendencia de esta época es el crecimiento por el Oeste, tal como marcaba el Plan Borso, posteriormente las Normas Subsidiarias de 1988 priman la expansión por el Este: Batanejo, Fuente de Bernate y Hoya de Reinas. La expansión por la zona oriental continuará posteriormente con los ya citados barrios de la Balsa de Moros y los PAI Honrubia, del Batanejo y el de Fuente Baldomeros.

Surgirá también el fenómeno de las urbanizaciones residenciales, especialmente en 1974 con la construcción de la Urbanización San José, a las que siguen otras como la de la Purísima o la de Requena. Estas urbanizaciones vacacionales se van convirtiendo con el tiempo en zonas de residencia permanente de elevada calidad. Así se crea una zona excéntrica al casco urbano en el este conformada por urbanizaciones y zona mixta de servicios y de industria como talleres, hostelería, campo de fútbol, hospital, alguna industria, etc.

Requena ve reforzado muy considerablemente en los últimos tiempos su carácter de centro de servicios de ámbito comarcal y supracomarcal. Los Juzgados, la Delegación de Hacienda, el Parque de Bomberos y, especialmente, el Hospital Comarcal a partir de 1992 aumentan el área de influencia de Requena más allá de la propia comarca: Valle de Ayora, Siete Aguas, Chera, Serranía conquense, pueblos albacetenses del Cabriel, etc.

Será en estos últimos tiempos cuando Requena recobre su función industrial perdida desde la segunda mitad del s. XIX. Muy reseñable es el surgimiento hacia el Oeste de una zona industrial que ya en 1988 recibió un fuerte impulso con la inauguración del Polígono Industrial El Romeral. El 28 de noviembre de 2006 se firmó el convenio con la SEPI (dependiente del Ministerio de Economía) para la realización de la compra de terrenos en el Parque Empresarial de El Rebollar, en lo que será una futura zona industrial.

El 10 de marzo de 1966 el barrio de la Villa fue declarado “Conjunto Histórico-Artístico”. A partir de 1983 se realizaron obras de rehabilitación y mejora de Santa María, del Salvador, de la Alcazaba, se excavaban los restos ibéricos y romanos de la Plaza del Castillo y finalmente, en 2006, se finalizó la restauración del bello Palacio gótico del Cid y se acondicionó la Cuesta de las Carnicerías. Los hoteles con encanto y zonas de restauración surgen en torno a la Plaza del Albornoz y aledaños. El 20 de julio de 2005 se inauguró el Museo de Arte Contemporáneo Florencio de la Fuente, acrecentando el valor patrimonial y turístico de la Villa. Durante el 2012 y 2013 se ha procedido a la restauración y musealización de la Torre del Homenaje y de la portada del templo de Santa María.

Requena gana posiciones en su papel turístico y acrecienta el número de locales de hostelería y número de camas. 

La viticultura y vinicultura prosigue como campo fundamental en la economía requenense. La Denominación de Origen Utiel-Requena está compuesta por 41.791 hectáreas de viñedo que vinifican 1.794.000 litros. Destacan los caldos elaborados con la variedad autóctona Bobal. Son numerosas las coopertativas y bodegas particulares que están sacando al mercado marcas de calidad.

Actualmente, el término municipal de Requena es el primero en extensión de la provincia de Valencia con 814 km. cuadrados y 21.554 habitantes con datos de 2011. Requena capital posee 16.964 habitantes y el resto del vecindario se reparte entre las aldeas de El Azagador 60; El Barriete 11; Barrio Arroyo 66; Calderón 37; Campo Arcís 430; Casas de Cuadra 6; Casas de Eufemia 140; Penén de Albosa 20; Los Sardineros 1; Casas de Sotos 18; Casas del Río 57; Los Cojos 105; Los Chicanos 20; El Derramador 55; Los Duques 99; Hortunas 36; Los Isidros 356; Fuen Vich 2; Las Nogueras 15; Los Ochandos 235; Los Pedrones 209; El Pontón 329; La Portera 149; El Rebollar 132; Roma 84; Los Ruices 64; San Antonio 1.270; San Juan 131; Turquía 425 y Villar de Olmos-La Cañada 15.