Aldeas

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Hasta el siglo XVIII la población rural del actual término de Requena no fue abundante, pues la mayoría del territorio estuvo dedicado a dehesas de pastoreo, en las que existían casas dispersas. En los alrededores de estas casas se fueron abriendo terrenos de cultivo, dedicados a cereal o al regadío, en donde era posible, y se fueron creando las llamadas “labores”, latifundios de mayor o menor extensión, pertenecientes a familias urbanas acomodadas y en las que trabajaban jornaleros o renteros.

A partir del siglo XVIII, con el crecimiento de la población se va ampliando el terreno cultivado y van formándose las actuales aldeas con población concentrada y abundantes casas dispersas de labor y pequeños caseríos.

Desde el siglo XIX, tras las desamortizaciones, y sobre todo con la masiva plantación de vid, en la segunda mitad de esa centuria, el crecimiento poblacional de las aldeas fue vertiginoso hasta mediados del siglo XX. En esta época la ciudad contaba con unos 8.500 habitantes y la población rural alcanzaba los 12.000. Pero, el éxodo rural que se inicia en la segunda mitad del siglo XX ha ido vaciando caseríos y casas de labor, algunas aldeas y menguando otras.

Actualmente la población urbana ha crecido, sobrepasando los 16.000 habitantes en la ciudad y la rural ha menguado, existiendo en las 25 pedanías poco más de 4.000 habitantes, contando que en San Antonio se concentran casi 2.000.

Los habitantes del espacio rural requenense se han dedicado a la agricultura de secano mayoritariamente pasando de los cereales a la vid para convertirse éste en monocultivo. Hay que añadir una parte dedicada a olivos y almendros, habiéndose desterrado el cultivo del cereal prácticamente en la actualidad. Las huertas que fueron muy estimadas por la producción de hortalizas, cereales, forrajes y leguminosas, están hoy abandonadas por la escasa rentabilidad.

Complemento de la producción agrícola fue la ganadería de ovejas y cabras y la apicultura que desde siglos practicó la trashumancia a la Sierra de Cuenca en verano y a comarcas valencianas más cálidas en invierno. Importante fue el aprovechamiento del monte en aldeas situadas entre pinares, hasta que se inició el éxodo rural. Hacheros, leñateros, tornilleros y carboneros tenían limpios nuestros montes y ganaban, duramente con ello, su jornal.

Dentro de los dedicados a la agricultura existieron diferentes escalas entre las que cabe destacar los labradores hacendados con sirvientes permanentes y jornaleros a temporadas. Labradores de mediana propiedad que contrataban jornaleros temporeros. Labradores de pequeña propiedad que aumentaban sus rentas con la apicultura. Renteros que vivían en labores y pagaban a los amos su correspondiente rento en especie y los jornaleros que podían ser permanentes en una labor o con un hacendado y los jornaleros temporeros que trabajaban en recolecciones y en el tiempo libre en el aprovechamiento del monte. Los pastores podían ser propietarios, contratados en una labor o en casas de hacendados.

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